Manuel Belgrano, el visionario interpelado: una charla con el historiador Roberto Colimodio

Manuel Belgrano, el visionario interpelado: una charla con el historiador Roberto Colimodio
Manuel Belgrano, el visionario interpelado: una charla con el historiador Roberto Colimodio

 Por Verónica

La Mirada Informativa

19/06/2026 En el complejo entramado de la historia argentina, las figuras de nuestros padres fundadores suelen quedar atrapadas en el bronce escolar, simplificadas en un manual de pocas páginas. Para romper con esos bloques estáticos y rescatar al hombre de carne y hueso, dialogamos en La Mirada Informativa con Roberto Colimodio, historiador, escritor y académico de los Institutos San Martiniano y Belgraniano. Con la pasión que lo caracteriza desde que aquel famoso cuadro lo miraba desde arriba del pizarrón en la primaria, Colimodio nos invita a descubrir a un Manuel Belgrano revolucionario, estratega del trabajo en equipo y dueño de un liderazgo basado en el convencimiento.

— Verónica: Roberto, siempre nos fascina lo visionario de la obra de Belgrano. Más allá de la creación de la bandera, ¿en qué sentido podemos decir que fue un adelantado a su época?

— Roberto Colimodio: Fue un adelantado a su época porque muchas de esas ideas él las vivió de cerca durante la Revolución Francesa en 1789. Recordemos que estaba en España estudiando en Salamanca y en Madrid cuando suceden los hechos revolucionarios en Francia, y tiene acceso a todas las nuevas ideas, no solamente sociales, sino también las económicas. A partir de allí no solamente pasa a ser un teórico, sino también a tratar de ponerlas en práctica. Belgrano fue una mente brillante desde joven. El Papa lo autorizó a leer los libros prohibidos —no los prohibidos por cuestiones como el Decamerón, sino los prohibidos por las ideas— y él, con escasos 24 años, vuelve al Río de la Plata con el cargo de regidor perpetuo del Consulado, una especie de Ministerio de Economía, y trata de poner en práctica esas ideas por el bienestar general.

— V: Esas ideas económicas y sociales chocaban de frente con la realidad colonial, ¿verdad?

— RC: Él empieza por lo básico, que era juntar escuelas y academias: la academia del dibujo, la academia de náutica que favoreciese el comercio. Empieza con esas ideas también revolucionarias para la época, pero que son vetadas sistemáticamente tanto por sus cónsules como por el rey de España, que no quería que las colonias tuviesen educación, obviamente. Él se va dando cuenta de que se va postergando la población, que hay atrasos. Hablaba de no exportar cueros sino exportar zapatos, o sea, agregarle mano de obra local; o no talar los bosques solamente para probar el tiro del hacha. Entonces esas cosas hacen que todavía Belgrano en el siglo XXI sea vigente.

— V: En la escuela solemos estudiar a los próceres por separado, como si cada uno habitara su propio bloque de la historia. Sin embargo, vos siempre destacás la conexión entre ellos.

— RC: Correcto, no actuaron por separado. Es más, yo te agrego un tercero que es Martín Miguel de Güemes, que estaba bajo las órdenes de Belgrano en Salta mientras Belgrano estaba en Tucumán después de la declaración de la independencia en 1816. Dan testimonio de esto 300 cartas intercambiadas entre ellos en un lapso de poco más de dos años, donde hablan de todo: de la situación política, de San Martín, de los planes de que tenemos que sacrificarnos por el bien mayor, que es el Cruce de los Andes, obviamente. Realmente es toda una concatenación de hechos que tienen que ver con la realidad de cómo sucedieron verdaderamente las cosas. No son raptos individuales, es un trabajo en equipo.

— V: Con Güemes particularmente hubo una evolución muy humana en la relación, pasando de la rigidez militar a una amistad muy profunda.

— RC: En 1812 Belgrano conoce a Güemes en el Ejército del Norte, pero no por buenas cosas, sino porque Güemes estaba saliendo con una mujer casada cuyo oficial estaba en el ejército también, y era un escándalo. Entonces, ¿qué hace Belgrano? Lo separa y lo manda a Buenos Aires. Con la llegada de San Martín, Güemes vuelve a Salta y se hace cargo de la Guerra Gaucha. Cuando Belgrano se hace cargo nuevamente del ejército, liman asperezas. Un día dicen: "Bueno muchachos, vamos a contarnos". Se juntan, ponen todas las cosas en claro y a partir de allí forman una sólida alianza. Es muy divertido a veces el intercambio de correspondencias porque no solamente hablan de política, sino también hablan de cosas personales, de sus enfermedades. Se entera Belgrano de que Güemes no tiene botas y le escribe: "Mándenme usted sus medidas, que en Buenos Aires llegó un cargamento de botas francesas, así le mando un par". Era generoso y se preocupaba en esas pequeñas cosas.

— V: Otro gran tema son los mitos arraigados. Siempre se discute el origen de los colores de nuestra bandera, si el cielo, si la Virgen... ¿Qué nos dice la documentación histórica?

— RC: Dos mitos. En realidad, quien pone los colores es el Triunvirato. Porque cuando Belgrano pide hacer la escarapela, le dicen que la haga blanca y azul celeste. Se hablaba de los colores que eran también de la Casa Borbónica; lo vamos a ver a Fernando VII con la banda de la Argentina porque eran los colores de la Casa Real Borbona. Pero bueno, realmente no lo dice Belgrano, lo dice conforme a los colores de la escarapela nacional y ya empieza a hablar de identidad nacional. Llegando a Jujuy el 25 de mayo, hace hacer otra bandera celeste y blanca, la hace jurar por sus tropas y dice que esta "nos distinguirá de las demás naciones del mundo", plantando ahí un sesgo de identidad valiosísimo. Si uno hace un estudio, son cerca de 7 u 8 banderas que Belgrano crea.

— V: Para cerrar, Roberto, si tuvieras que darle un mensaje a los jóvenes y a los estudiantes que hoy se acercan a nuestro pasado, ¿cuál sería la clave para entender a estos hombres?

— RC: Ser curiosos. Creo que, del lado que nos toque, tenemos que ser básicamente curiosos e interesados. Puede no gustarnos la historia, lo entiendo, pero creo que es un deber en el tema de identidad nacional. Hay una frase muy remanida que es "los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla". La historia, y sobre todo Belgrano, San Martín, nuestros padres fundadores, nos interpelan. Por eso a veces suceden las cosas que suceden, como la disolución de institutos, que no se conozca la tarea, que desaparezcan de los billetes... Estas cosas creo que hay que combatirlas con curiosidad y con un poquito de amor propio, y saber un poquito más de estos hombres. Y se empieza por cosas sencillas: ¿por qué la calle donde vivo se llama como se llama? Creo que un acercamiento a la historia empieza básicamente por eso, por ser curioso.