La Casa Histórica de Tucumán: los secretos de un símbolo nacional que estuvo a punto de desaparecer

La Casa Histórica de Tucumán: los secretos de un símbolo nacional que estuvo a punto de desaparecer
La Casa Histórica de Tucumán: los secretos de un símbolo nacional que estuvo a punto de desaparecer
La Casa Histórica de Tucumán: los secretos de un símbolo nacional que estuvo a punto de desaparecer

09/07/2026 En el Día de la Independencia, el arquitecto y especialista en gestión cultural Luis Bruna repasó la historia menos conocida de la Casa Histórica de Tucumán: desde las modificaciones que debieron realizarse para albergar el Congreso de 1816 hasta la demolición parcial del edificio y la reconstrucción que permitió recuperar uno de los mayores símbolos de la Argentina.

Cada 9 de Julio, la imagen de la fachada blanca con su emblemático portal colonial vuelve a ocupar un lugar central en la memoria de los argentinos. Sin embargo, detrás de esa postal existe una historia mucho más compleja y poco conocida.

Durante una entrevista con el programa La Mirada Informativa, el arquitecto Luis Bruna, especialista en gestión cultural, docente e investigador del Instituto de Historia y Patrimonio "Alberto R. Nicolini" de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán, explicó cómo una vivienda familiar terminó convirtiéndose en uno de los edificios más emblemáticos del país y reveló algunos de los episodios que marcaron su transformación a lo largo de más de dos siglos.

Mucho más que una "casita"

Una de las primeras aclaraciones que realizó Bruna fue sobre una expresión muy difundida en todo el país.

"Los tucumanos suelen enojarse cuando se habla de la 'Casita de Tucumán', pero hay que entender que esa denominación responde a que toda la imagen pública quedó concentrada en su portal, que es la fotografía histórica que todos conocemos", explicó.

En realidad, señaló, el edificio era considerablemente más grande que la fachada que inmortalizaron los libros escolares. La vivienda ocupaba una importante superficie y respondía al modelo típico de las residencias coloniales de familias acomodadas del norte argentino.

Una casa pensada para vivir... y no para declarar la Independencia

Originalmente, la Casa Histórica pertenecía a Francisca Bazán de Laguna y había sido concebida como una residencia señorial de la época colonial.

Su organización respondía al esquema clásico de las casas españolas, con tres patios claramente diferenciados.

El primero estaba destinado a las actividades económicas y comerciales de la familia. Allí ingresaban las carretas, los animales y se desarrollaban las tareas vinculadas con la producción y el comercio.

El segundo constituía el verdadero corazón del hogar: alrededor de ese patio se distribuían las habitaciones familiares.

Finalmente, el tercer patio concentraba las áreas de servicio y los espacios destinados a la producción de alimentos y al funcionamiento cotidiano de la vivienda.

"Era una casa importante para una familia española de buena posición económica", explicó Bruna.

El primer cambio llegó antes del 9 de Julio de 1816

Uno de los datos menos conocidos es que la casa debió ser modificada incluso antes de convertirse en escenario de la historia.

Cuando el gobierno decidió alquilar la vivienda para que sesionara el Congreso de Tucumán, el salón principal resultó insuficiente para albergar a todos los diputados.

La solución fue demoler una pared para ampliar el ambiente.

"El hecho más importante que es la declaración de la Independencia le cambia completamente el significado al edificio", señaló el especialista.

Un edificio que estuvo a punto de perderse

Tras la declaración de la Independencia comenzó un largo período de deterioro.

La célebre fotografía tomada por Ángel Paganelli, que hoy constituye uno de los principales registros históricos de la Casa de Tucumán, ya mostraba un edificio muy deteriorado.

Cuando el Estado Nacional adquirió el inmueble, primero funcionaron allí oficinas de correo y telecomunicaciones, aunque prácticamente no recibió tareas de conservación.

La situación llegó a un punto crítico durante la presidencia de Julio A. Roca.

"La decisión fue demoler prácticamente toda la casa y conservar únicamente el Salón de la Jura", recordó Bruna.

Ese ambiente fue protegido mediante una estructura construida especialmente para preservarlo, mientras desaparecía el resto del edificio original.

La reconstrucción que salvó un símbolo nacional

Recién en la década de 1940, en el contexto del auge del movimiento neocolonial y de las primeras políticas nacionales de protección patrimonial, surgió el debate sobre qué hacer con la Casa Histórica.

Finalmente prevaleció la postura de reconstruirla.

El trabajo estuvo encabezado por el arquitecto Mario Buschiazzo, uno de los mayores especialistas argentinos en arquitectura colonial.

Para recuperar el aspecto original se recurrió a una verdadera investigación arqueológica.

Se excavaron los cimientos para determinar la ubicación exacta de cada ambiente, se consultaron antiguos planos realizados por el ingeniero Stabelius y se emprendió una búsqueda de materiales originales en distintos puntos del país.

Incluso algunas puertas auténticas fueron recuperadas de antiguos desarmaderos y reincorporadas a la reconstrucción.

"Se buscó reconstruir la casa tal cual había sido originalmente", explicó Bruna.

El color blanco no fue una elección estética

Otro aspecto poco conocido tiene que ver con la imagen actual del edificio.

Las paredes blancas no responden únicamente a una decisión patrimonial sino también a las posibilidades tecnológicas de la época colonial.

En el Tucumán del siglo XVIII predominaban el adobe y el ladrillo cocido, materiales que debían protegerse con capas de cal, cuyo color natural era blanco.

En cambio, las puertas azules constituían un verdadero símbolo de prestigio.

"El azul de Prusia era un lujo y reflejaba el estatus económico de la familia propietaria", indicó el arquitecto.

Un paisaje urbano que ya no existe

Bruna también cuestionó algunas intervenciones urbanísticas realizadas durante las últimas décadas.

Originalmente, la Casa Histórica estaba integrada a una larga sucesión de muros coloniales que conformaban un paisaje urbano completamente distinto al actual.

Con el regreso de la democracia esos muros fueron demolidos para crear plazoletas laterales.

Desde el punto de vista patrimonial, el especialista considera que esa decisión alteró el contexto original del edificio.

"La casa quedó desnuda. Perdió el ámbito urbano para el cual había sido concebida", sostuvo.

Un museo que logra contar la historia

Actualmente, la Casa Histórica funciona como Museo Nacional de la Independencia y, para Bruna, su estado de conservación es satisfactorio.

Además de la reconstrucción del edificio original, el complejo incorpora un sector posterior donde se encuentra la Galería de las Placas y los relieves realizados por Lola Mora, utilizados hoy para actos oficiales y ceremonias.

Si bien existen debates sobre algunos elementos de la museografía —como la presencia del crucifijo en el Salón de la Jura—, el arquitecto considera que el museo cumple adecuadamente su función de transmitir el significado histórico del lugar.

El patrimonio como una batalla permanente

Sobre el final de la entrevista, Bruna dejó una reflexión que resume el desafío permanente de conservar edificios históricos.

"La cuestión del patrimonio siempre es una puja, un tire y afloje. Quienes trabajamos en la defensa del patrimonio vivimos en un combate permanente", afirmó.

Gracias a ese trabajo, la Casa Histórica de Tucumán continúa siendo mucho más que una postal del 9 de Julio: es el escenario donde nació la Argentina independiente y un ejemplo de cómo la preservación del patrimonio permite mantener viva la memoria colectiva.