“El primer indicador de abuso son los cambios de conducta, la angustia y la ansiedad”
04/06/2026 En el marco del Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, una jornada de concienciación que se celebra anualmente el 4 de junio desde 1983, establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1982; y tras el Ni Una Menos, la convocatoria que ayer hizo marchar al colectivo feminista bajo la consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”, (a 11 años de la primera movilización originada por el femicidio de Chiara Páez y en un contexto marcado por el impacto de los crímenes de Agostina Vega y Dulce María Beatriz Candia) la Lic. Cristina Suárez, quien perteneciera al servicio de Violencia Doméstica, dialogó con La Mirada Informativa sobre las formas de la violencia y las herramientas para contrarrestarla.
“La violencia tiene que ver con conductas principalmente donde no hay registro del otro y del dolor del otro, las mujeres y los niños por su condición física son más vulnerables. En psicología la mayor forma de violencia es no permitirle al otro la palabra, con la que uno puede resolver conflictos de forma saludable, pero vemos en muchos contextos que la palabra está no habilitada y ahí aparecen justificaciones en forma de modas o vestidos en donde el maltrato verbal generalmente es una constante”, explicó la psicóloga, que además integra equipos interdisciplinarios en escuelas secundarias.
“A la violencia se la puede clasificar en verbal y física, la vulnerabilidad del niño es la más importante por la desigualdad en lo físico en la dependencia y en lo que espera un niño de un trato cálido y amable, hay ahí mucho riesgo porque el niño no tiene forma de defenderse de la violencia adulta. En las mujeres la desigualdad está en la reacción y fuerza física, pero hay muchos modos de violencia, por ejemplo, en las formas y las palabras, a menudo encubiertas en la sociedad que habilita esos modismos y descalificaciones. La forma más grave de violencia es el silencio, no permitirle al otro poder expresar lo que es importante para él, a esa forma no se la suele reconocer como tal” sostuvo Suárez.
Además, la profesional de la salud mental agregó que la violencia no solamente se da en un contexto carenciado, sino que es común a todos los contextos: En un niño donde no se habilitó la palabra (donde lo que piensa y siente no es importante), de acuerdo a la etapa, va desarrollando situaciones donde sus recursos yoicos no se configuran saludablemente, tiene que ver con la historia y en cada persona es diferente”, indicó.
Suárez, que valoró su paso por el servicio local como una experiencia importante y muy fuerte por los casos que se suscitaban, señaló que la violencia es parte de cada etapa de la sociedad. “En un femicidio hay variables naturalizadas. Es importante interrogar sobre esas construcciones. En cada generación aparecen desafíos y situaciones de riesgo que las aportan las características de la sociedad: El adolescente de 1980 no tenía redes, el adolescente de 2026 si, esa es un variable que hay que tener en cuenta”.
Además, refirió que los contextos no pueden soslayarse en el análisis de los femicidios.
“En los adolescentes hay conductas adultizadas. Eso lo hace más preocupante aún, las redes, las fotos, ciertas situaciones de exposición de los adolescentes que no tienen la madurez psicológica para ponerle límites y demás, por eso es tan importante el acompañamiento de los adultos y las instituciones. Éstas son imprescindibles tanto en su tarea de formación como en detección de riesgos en los menores”.
El rol de los equipos interdisciplinarios
“Se necesita personal, recursos, ser considerados importantes en todos los niveles estatales. Profesionales con condiciones laborales correspondientes, es un trabajo muy difícil. Desde lo educativo insistir en mensajes que puedan ayudar a discriminar y no naturalizar la violencia hacia el par o el adulto. La escuela es un lugar sumamente importante para trabajar con la familia. Considerando que la mayoría de los episodios de violencia son intra familiar, debe ser un trabajo constante y validado como importante por las autoridades, es formativo, no de moda ni de época”.
Síntomas de abuso
“Dependiendo de la etapa, si es niño o adolescente, lo primero que se observa es un cambio de conducta, introspección. El niño es el que más conoce su entorno, es preocupante cuando no se anima a hablar. Cuando se anima a hacerlo la diferencia es fundamental. Es sumamente importante que cuando alguien habla de abuso (si es niño o adolescente, sobre todo) se les crea. A partir de eso se puede establecer cómo seguir en esta situación. Habilitar la palabra para que escuchar lo que los niños dicen. El primer indicador son la angustia, ansiedad y los cambios de conducta”.





