Vivienda de puertas abiertas. Un novedoso sistema para personas con discapacidad intelectual que acerca el sueño de la autonomía
09/06/2026 María Victoria Marín, cofundadora de viviendas Brújula, una iniciativa habitacional para personas con discapacidad intelectual en la ciudad de Buenos Aires -que prioriza autonomía y sociabilización para un sector poblacional con accesos a derechos básicos limitados- dialogó con La Mirada Informativa sobre la oportunidad detrás del proyecto.
María Victoria, proveniente de una familia tradicionalmente ligada a la discapacidad -la familia Marín es impulsora del Instituto Los Ángeles, una escuela primaria y secundaria para personas con discapacidad creada en 1990 que llegó a ser de las más prestigiosas y pionera en el país; destaca que la propuesta para mayores de 17 años con discapacidad intelectual es una alternativa diferente, porque surge luego de una exhaustiva investigación que buscó beneficiar a la población adulta con esas características: “No queríamos el asistencialismo, sino un marco distinto. No es un hogar ni una residencia, sino una vivienda asistida de puertas abiertas. Muchos de los jóvenes adultos que pueden salir, si son responsables, lo hacen. Otros necesitan apoyos” explica, al tiempo que destaca: “Fomentamos el sentido de la comunidad, porque en la discapacidad durante la adultez suelen quedar viviendo con su familia mucho tiempo o muy aislados, más allá de los tratamientos en los centros de día a los que van”.
Marín enfatiza en las comodidades de las amplias habitaciones que se acondicionaron pensadas especialmente para garantizar comunión, diálogo y actividades de interés, como los talleres artísticos y recreativos que por su naturaleza optativa refieren a los intereses particulares de los asistentes al programa.
En los cinco pisos que posee el complejo conviven de 3 a 8 (como máximo) jóvenes adultos en los que se generan verdaderas micro comunidades. El sexto piso está destinado al SUM que cuenta con metegol y mesas dispuestas para los talleres que realizan de 14 a 19.30 h, espacios de trabajo que propician el encuentro: “La idea es fomentar esos micro vínculos. Cuando pensamos el proyecto decidimos que tanto el baño como la cocina estén afuera de las habitaciones, justamente para que puedan ser compartidos y tener esa idea de familia elegida en la adultez” añade la colaboradora.
“Ellos están supervisados las 24 horas por personal de salud (no son enfermeros, se busca la mayor autonomía posible). Psicomotricistas, musicoterapeutas, terapistas ocupacionales, psicólogos (siempre un hombre y una mujer para llevar adelante la dinámica), son una especie de tutoría. Es un proyecto inusual, de los pocos en discapacidad que no iguala trayectorias, se va armando a medida de cada familia y cada joven. No es un centro de día, buscamos justamente no homogenizar”.
Acerca de la elección del nombre, indica que se asocia a la idea de orientación en el sentido de “trazar un camino que cada uno quiera elegir, que no es impuesto por nosotros, que no hacemos asistencialismo a diferencia de los sistemas de salud, con sus mejores intenciones”.
Modelos europeos y evidencia científica respaldan el proyecto
Los antecedentes que impulsaron la iniciativa de la familia Marín pueden encontrarse en modelos europeos como el de las zonas azules, aquellas en las que la población más longeva y con mejores indicadores en calidad de vida privilegian el sentido de comunidad: “Ese fue el eje por el cual se planificó el espacio que supone la cocina como invitación a compartir”, ejemplifica. Otra investigación de la Universidad de Harvard reveló la importancia de los vínculos profundos: “Eso nos llevó a idear las micro comunidades, de a cinco habitaciones, más íntimas” afirma, citando además la influencia positiva de las comunidades que destacan la antroposofía y la pedagogía Waldorf que retoman el sentido de comunidad, comunidad intencional y terapéutica, elevando el sentido de participación por el que los habitantes de las viviendas pueden exponer sus puntos de vista.
El 2 de marzo comenzaron el proceso de adaptación, “un tiempo muy paciente”, que respetó las individualidades. El mes de abril marcó la etapa de permanencia completa con excepción de los domingos dedicados a la familia, en una primera instancia, para evitar la pérdida de contacto con su red de apoyo primario.
El ingreso es tomado como un lento proceso donde poco a poco se va dando una re vinculación que resulta beneficiosa tanto para el núcleo familiar como para la persona con discapacidad y su nuevo entorno. Este período no está exento de un cierto sentimiento de culpa en familiares que temprano comienzan a evidenciar cambios positivos.
“La experiencia es increíble. Nos pasó que las familias no lo pueden creer, porque sus hijos quieren volver a la vivienda. Mejoran los vínculos, se extrañan, se va corriendo lo convivencial y el desgaste y queda lo familiar. Padres que han podido salir de vacaciones mucho tiempo por ejemplo”, comenta Marín.
“Trabajamos con personas, no con un diagnóstico, solo buscamos que estén aptos para la convivencia y no pongan en riesgos a terceros. No necesariamente tiene que tener un diagnóstico de discapacidad, tenemos una señora que no la tiene y sí necesita ciertos apoyos. No hay muchos requisitos” aclara la mujer que recuerda que, si bien el proyecto es privado, ya hay consultas en trámite con obras sociales que hasta el momento autorizaron cobertura.
“Es el primer proyecto de esta magnitud y de puertas abiertas. Somos los primeros” concluye orgullosa.






